Muchos caminos, muchos motivos

Hay tantos caminos como personas

Hay tantos caminos como personas: lo mismo vale para meditar en soledad mientras se escuchan las propias pisadas, como para vomitar la bicha que lleves dentro durante horas. Puede ayudar a olvidar a una ex, o a echarse novia, puede emplearse tanto para meditar sobre lo que a uno le abruma, como para conducirse de forma impensada. Para madrugar, o para que se le peguen las sabanas, y aunque también pueda servir para perder peso, advierta usted que es siempre una mala ocasión para hacer dieta.

El caminante debe siempre llegar al final de etapa con el deseo de obtener pitanza y cobijo, con la sensación del trabajo bien hecho y la garantía de poder sentarse homologado a la mesa en la que vaciar una jarra de vino y embuchar unas viandas. Es mejor alejar pensamientos mezquinos, malas cocinas y otros pistrajes y dentro de sus posibilidades regalarse cada día un pequeño banquete.

A quienes viajen en compañía, aconsejamos peregrinar como tropa, que no en tropel, debiendo prestar atención a la hora de elegir partenaire; rodearse del concurso de gentes adecuado, almas con capacidad de reírse de si mismas, que es el ingrediente indispensable para que esta empresa llegue a buen término. Esto no le salvará de aguantar a su compañero sin parar de decir sandeces durante ocho horas seguidas, pero esta afinidad le permitirá a uno relajarse, dejarse llevar, y conceder que el camino haga el resto moviendo el engranaje de la amistad.

Ignacio Lavín
Gourmet del Camino

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