Aquí no se viene a probar el lechazo: se viene a rendirse a él. Lo fundó Pablo Payo, el Mesonero Mayor del Camino, y hoy lo llevan sus hijos con la misma fe: cordero lechal de la tierra asado en horno de leña, la piel crujiente y la carne deshaciéndose, casi una obligación moral parar a comerlo. Mesón a la antigua, techo alto, babero al cuello y aire de medievo jacobeo. Te cuelgan la vieira como hacía Pablo y entiendes por qué Villasirga es parada de culto. De lo mejor que se come en toda Palencia.