A la entrada de Sahagún, justo donde el cuerpo pide tregua tras casi cuarenta kilómetros, este cuatro estrellas se toma en serio al caminante. Noventa y una habitaciones, restaurante, jardín, piscina para el verano, gimnasio, sauna y garaje, con zona de descanso pensada para peregrinos y un diez por ciento de descuento para ellos. Sin pretensiones de boutique, pero con todo lo que hace falta para recomponerse de verdad. La parada cómoda en mitad del Camino leonés.