Camino del Norte desde Hondarribia: tres etapas, cuestas, buena mesa

De Hondarribia a Itziar con amigos: pintxos, Jaizkibel, Casa Cámara, Ulia, Orio, Zarautz y el flysch. Tres jornadas para seguir hacia Santiago por tramos.

Traer a unos amigos al Camino del Norte tiene una responsabilidad añadida si eres de Bilbao: las cuestas se las van a encontrar solos; las buenas barras conviene enseñárselas. Este pasado fin de semana retomé la costa guipuzcoana con unos amigos de Madrid y me tomé las dos cosas en serio. Arrancamos en Hondarribia con el pintxo Mika, que está exquisito, y acabamos tres días después en Itziar, después de tanta subida y bajada que no llegamos a Deba. Entre medias hubo mar, pescado, escaleras a mansalva y una tortilla de patata que todavía me da rabia recordar.

Somos padres del colegio. La mayoría tenemos hijas, y de tanto coincidir por las niñas acabamos haciéndonos amigos. Les fui metiendo el Camino en la cabeza, les propuse varias opciones y eligieron el Norte por la costa. Buena elección. Es precioso, se come de cine y también exige lo suyo: aquí el paisaje no te ahorra una sola cuesta.

Hasta Santiago, cuando podamos

La idea es seguir todos los años hasta llegar a Santiago. Empezamos en Fuenterrabía, Hondarribia en euskera, junto a la frontera con Francia, con tres jornadas por la costa de Gipuzkoa. Nuestro final previsto era Deba, antes de continuar en otra ocasión hacia el interior y Markina, ya en Bizkaia. Terminamos un poco antes, en Itziar. Allí retomaremos el próximo año.

Hacer el Camino por tramos me parece una opción estupenda para quien no puede desaparecer un mes. Unos días en Semana Santa, una semana en verano, un puente, un fin de semana suelto: vas avanzando cuando puedes y vuelves al punto donde lo dejaste. No hace falta resolverlo todo de una sentada. Nosotros queremos que esto se convierta en una cita anual, con los mismos amigos y con tiempo para caminar, comer y disfrutar de los sitios por los que pasamos.

Hondarribia: que empiece la barra

El jueves tocaba pintxo-pote. Me gusta esa manera de empezar una escapada: todavía no te han castigado las cuestas y ya tienes delante una buena razón para haber venido. Arrancamos en Mika, en la plaza de Armas, con el pintxo que lleva su nombre. Gamba, bacon, tempura, wakame. Hay gracia en ese bocado, en juntar la gamba con el bacon y envolverlos en el crujiente de la tempura. Tiene una receta premiada detrás, pero yo venía a que mis amigos comiesen bien, no a enseñarles un diploma. Empezamos estupendamente.

También hubo paseo por la ciudad amurallada, desde la zona del río hasta la iglesia de Santa María de la Asunción y del Manzano, que es preciosa, y el castillo de Carlos V, hoy Parador. Detente ante su fachada. Los impactos de proyectiles siguen en la piedra; el consorcio Bidasoa-Txingudi los recoge al explicar el sitio de 1638. Hondarribia tiene casas de colores, claro, pero también una historia bastante menos amable que merece mirar de cerca.

Después, La Marina y más pintxos. Quería llevarlos a buenas opciones, aprovechar el jueves y que conociesen algo más que el decorado. Una población así se disfruta andando por sus calles, entrando en sus bares y dedicándole tiempo. Nosotros le dedicamos la noche.

Jaizkibel no hace concesiones

Dormimos en Iketxe, una casa rural estupenda, a pie de nuestro recorrido. La recomiendo sin rodeos. A la mañana siguiente salimos de allí hacia Guadalupe y seguimos por Jaizkibel. Se acabó el paseo entre barras: empezaban las cuestas de verdad.

Aquel día acumulamos más de mil metros de desnivel. Lo digo porque alguien ve el mar en las fotos y puede imaginar una excursión cómoda por la costa. Aquí se sube mucho. Hay que venir acostumbrado a caminar y mirar el perfil de la jornada, sobre todo si llevas un grupo. La distancia no te cuenta por sí sola lo que te espera.

Tenía muchas ganas de volver al Norte, y este tramo me volvió a recordar por qué. Es una costa preciosa, con unas vistas que justifican el esfuerzo. Eso no convierte la subida en fácil. Recomendar un Camino también consiste en contar dónde aprieta, para que nadie venga engañado y pueda disfrutarlo a su ritmo.

Casa Cámara, antes de las escaleras

Comimos en Casa Cámara, en Pasajes de San Juan, Pasaia Donibane. Una casa de pescado y marisco que lleva sirviendo comidas desde 1884. A mí esos sitios me interesan por lo que siguen haciendo hoy, y este tiene además una particularidad maravillosa: en mitad del comedor hay un pozo de agua de mar donde guardan langostas y bogavantes.

El personal levanta las cajas con poleas y puedes elegir la pieza que te van a preparar. No es un adorno marinero colocado para salir bien en una fotografía. Es un vivero natural que idearon cuando no había frigoríficos y sigue funcionando. Me entusiasma encontrar esas soluciones, el oficio de una casa que lleva generaciones dando de comer y conserva algo tan suyo. Si pasas por aquí, reserva y deja un rato para sentarte a gusto.

Lámina enmarcada: Pasajes de San Juan · Camino del Norte
Pasaia Donibane: Pasajes de San Juan, antes de seguir por la costa. Ver la lámina Pasajes de San Juan · Camino del Norte.

Después cruzamos en la motora a Pasajes de San Pedro y seguimos hacia la bocana. Allí nos esperaba la subida hacia Senokozulua y Ulia: una cantidad tremenda de escaleras. Intentar contarlas tenía su aquel, porque llegaba un momento en que discutíamos qué era peldaño y qué era cuesta. No conseguimos un número que nos convenciese a todos. Que eran muchas, muchísimas, eso quedó bastante claro.

Seguimos por Ulia hasta Donosti, por un recorrido precioso. La llegada a la ciudad parecía el final, pero faltaba llegar al albergue y ese último tramo se hizo largo. Conviene contar también esa distancia al organizar la jornada: terminar la etapa en el mapa no siempre significa haber terminado de andar.

Una tortilla para olvidar

El sábado queríamos desayunar una tortilla de patata decente. En el Bar Luis nos tocó una fría y dura, el mismísimo adoquín. Qué rabia. Me había llevado a mis amigos al País Vasco, con todas las ganas de enseñarles buenas mesas, y empezábamos el día con aquello. Soy de Bilbao; una tortilla así me fastidia especialmente.

No sé cuándo la habían hecho ni cómo la habían conservado. Sé cómo estaba la que nos pusieron delante. Esa no la recomendaría. Lo cuento porque también forma parte del viaje: no todo sale bien y no hay por qué convertir cada parada en una recomendación.

Orio, Zarautz, Getaria

Subimos Igueldo y seguimos hacia Orio, con el mar a la derecha y el monte a la izquierda. Una etapa preciosa. Orio merece tiempo: es un pueblo estupendo y el besugo a la oriotarra tiene mucho que ver con sus asadores. Nosotros tomamos el aperitivo y continuamos hacia Zarautz. El besugo queda como una buena razón para volver con la comida prevista allí.

Lámina enmarcada: Orio · Camino del Norte
Orio, otro de los pueblos de nuestro Camino del Norte. Ver la lámina Orio · Camino del Norte.

En Zarautz nos tocó una bajada de escaleras infernal hasta la playa. Yo iba además pendiente de la mesa que habíamos reservado en Masta, así que tuve que acelerar para llegar a tiempo. Las reservas tienen esa pequeña servidumbre cuando vas andando: ayudan mucho, pero el restaurante no avanza contigo.

En Masta comimos maravillosamente. Por la noche nos acercamos a Getaria a hacer nuestras pesquisas y cenamos en Elkano Txiki, donde nos dieron de cenar estupendamente. Dos recomendaciones que me traje de este fin de semana. Menos mal: el sábado merecía algo bastante mejor que el recuerdo de aquella tortilla.

La costa, con sol de justicia

Salimos de Zarautz muy pronto el domingo, con el amanecer. Al principio parecía que el cielo iba a quedarse nublado, pero acabó siendo el mejor día de todos, sin una nube. La playa a esa hora es uno de esos momentos del Camino que me gusta llevarme a casa. En la lámina aparece la silueta de un chaval a punto de entrar al mar.

Lámina enmarcada: Zarautz · Amanecer en el Cantábrico
Zarautz, el amanecer junto al Cantábrico. Ver la lámina Zarautz · Amanecer en el Cantábrico.

Desde Zumaia elegimos la variante costera del flysch. San Telmo mirando al mar, la costa que habías dejado atrás apareciendo entre los pinos, los tramos de bosque: es de lo más bonito que te puedes encontrar andando. Lo recomiendo con todas las ganas. También es durísimo, especialmente si encadenas estas jornadas sin estar acostumbrado.

Lámina enmarcada: San Telmo · Zumaia
San Telmo en Zumaia, con el mar delante. Ver la lámina San Telmo · Zumaia.

Hay poco llano. Subida, bajada, otra subida, y algunas de las cuestas son muy serias. El sol terminó apretando de justicia y, junto con el esfuerzo, al final se nos hizo bola. Entre tanta cuesta aparecen bosques como este, que te alegran el alma. Se agradecen de una manera bastante distinta cuando has llegado caminando.

Lámina enmarcada: Bosque entre Zumaia y Deba
El bosque entre Zumaia y Deba: una tregua entre tantas cuestas. Ver la lámina Bosque entre Zumaia y Deba.

También está ese momento en que ves entre los pinos toda la costa que has ido dejando atrás, hacia Zumaia y Zarautz. Te detienes a mirar porque merece la pena. Estas vistas son una de las razones por las que me gusta el Camino del Norte, aunque luego toque seguir subiendo.

Lámina enmarcada: Zumaia–Deba · La costa entre pinos
La costa entre pinos: mirar atrás antes de seguir hacia Deba. Ver la lámina Zumaia–Deba · La costa entre pinos.

Vimos que no íbamos a llegar a Deba como habíamos previsto. Retomamos el trazado del Camino hacia Itziar y conseguimos comer, casi milagrosamente, en Salegi, justo enfrente de la iglesia. Allí acabó esta salida y allí empezará la siguiente. Cambiar el final fue lo sensato: no tiene mucho sentido estropear un fin de semana estupendo por empeñarte en llegar a un punto que habías decidido desde casa.

Para preparar estas jornadas

  • Nuestro recorrido: Iketxe–Guadalupe–Jaizkibel–Pasaia–Ulia–Donosti; Donosti–Igueldo–Orio–Zarautz; Zarautz–Zumaia–variante del flysch–Itziar. La cena en Getaria fue una visita aparte de la etapa.
  • Distancias, desniveles: quedan pendientes de comprobar con nuestros tracks los kilómetros y el desnivel de cada jornada. Los más de mil metros de la primera corresponden a nuestra experiencia. No los uses como ficha de cualquier variante.
  • Dificultad: alta para quien no esté habituado a subir y bajar durante horas. Acorta las jornadas si hace falta y ajusta el ritmo a todo el grupo.
  • Variantes: consulta el trazado del Camino entre Zarautz y Deba y la ruta del flysch por el GR-121. Elige antes de salir y descarga el recorrido que realmente vas a seguir.
  • Comidas: Mika y La Marina en Hondarribia; Casa Cámara en Pasaia; Masta en Zarautz; Elkano Txiki para acercarse a Getaria; Salegi en Itziar. Reserva y confirma horarios y cierres con los locales para tu fecha. Encontrar sitio a última hora, como nos pasó en Itziar, es una suerte.
  • Alojamiento: Iketxe nos resultó muy recomendable. Reserva antes de cerrar el reparto de etapas.
  • En la mochila: agua, algo de comida, protección solar y zapatillas que ya hayas utilizado. Revisa la previsión y respeta cierres y desvíos.
  • Regreso: consulta Euskotren y los enlaces que necesites según dónde termines.

Los recuerdos, en casa

Las seis ilustraciones que acompañan este artículo pertenecen a esta costa del Camino del Norte. Cada imagen enlaza con su lámina en CaminoSantiago.art: A4 sin marco, A3 con marco o A2 con marco. Puedes ver la colección o leer cómo acabaron algunas de ellas en el salón.

Veredicto

Una costa preciosa, buenas mesas, cuestas duras: la recomiendo con entusiasmo, pero ven acostumbrado a caminar.

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