El hotelito mejor valorado de Santiago, y no es casualidad: un caserón del XIX rehabilitado en una de las zonas más tranquilas del casco histórico, donde los viejos muros de piedra conviven con un diseño actual estimulante. Habitaciones con encanto, un desayuno que no conviene saltarse y un trato de diez. Para premiarte la llegada a la Plaza del Obradoiro durmiendo con gusto. Reserva con tiempo: en Santiago no es tarea fácil.