Un viejo molino harinero del siglo XIV junto a la presa Cerrajera, restaurado con cabeza y buena mano, en el silencio de Villavante. Seis habitaciones, chimenea, jardín con barbacoa y la clase de calma que solo da el agua corriendo al lado. Puedes cenar allí mismo y desayunar fuerte antes de seguir. Funciona de primavera a otoño. Entre la nacional y el páramo, es el desvío que merece la pena dar.