Tras casi cuarenta kilómetros de meseta, El Mesón es la recompensa que Castrojeriz le debe al peregrino. Comedor castellano del de verdad, donde el cocido y el cordero asado se sirven sin prisa y sin postureo, con producto de la tierra y mano de la que sabe. Entre semana se llena de currantes y vecinos, que es la mejor garantía que existe. Forma parte de La Posada de Castrojeriz, casa del siglo XVI: comes, duermes y mañana, otra vez al polvo del Camino.