Albergue privado en el centro de Logroño, abierto desde 2012 y pensado para lo que de verdad pide el cuerpo al llegar: ducha, cama decente y no arruinarse. Treinta camas en una nave de techos altos, cocina para apañarte la cena, lavadora y secadora, taquillas con llave y la puerta del casco viejo a un paso, justo donde arrancan los pinchos de Laurel. Funciona por temporada, de marzo a mediados de octubre, así que conviene llamar antes. Nada de lujos, ni falta que hacen: funcional, honesto y a precio de peregrino.