Arzúa es el cruce en el que el Camino del Norte se abraza al Francés, y este edificio de los años treinta lo celebra con un art déco que rinde homenaje al oficio del cuero de la zona, sin caer en hotel de catálogo. Habitaciones cuidadas, jardín y una piscina de agua salada que después de la etapa se recuerda. A dos jornadas de Santiago, es el sitio para darse el capricho antes del último empujón. Cuesta lo suyo, pero hay días de Camino que piden justo esto.