Un caserón rehabilitado con mimo en la señorial Calle del Agua de Villafranca, la de los palacios y las casonas blasonadas. Materiales tradicionales, decoración cuidada y un restaurante de cocina de siempre, de la que se hace a ojo y sin receta. Accesible y respetuoso con el entorno, para dormir en plena historia berciana.